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Una tarde de Alcoba Pública en la plaza Baralt: Poesía que anida en el alma

Poco antes de las 5 pm la vi a un lado de la entrada del Lía, de negro, respirando un cigarrillo y mirando imaginarias piraguas en El Malecón, el sol hacía brillar su adorno que atraviesa la carne cerca de su boca, le dio tres vueltas al santuario del arte zuliano, saludó a los artesanos quienes trabajaban el metal convirtiendo sentimientos en joyas, les abrazó alegre, la vi caminar y me pareció tan bella, tan de su edad, tan de sus ilusiones, luego, supe su nombre: la poeta, Milagros Meleán. A las 5 en punto llegó el poeta, Alexis Blanco, acompañado del Maestro, Edgar Queipo y su compañera de vida, La nena Queipo. En la espera de las 5, una madre con su beba en los brazos le amamantaba mientras cantaba ¡perfectas!las canciones del fondo musical. Atendimos a la concitación. Fue una tarde que recordaré por siempre y nada podrá hacerme olvidar…la tarde de una Alcoba Pública en la plaza Baralt donde actuaron, recitaron, reencarnaron en poetas ilustras, cantaron: Milagro Melián, Mariela López, Michelle Rincón, Yolexy Santos, Sthefany Báez, Heverlin Álvarez, Manona Mercado, Luz Rosillón, Jazmín López, Gladys Suárez, “Nena” Queipo y Xiomara Rivas. Todas bellas como el pecado, nos detalla el poeta, Blanco Recitaron Angel de Todd, César Figuera, entre otros, El Movimiento de Estatuismo de Maracaibo aportó las hermosas imágenes queipianas…Tocaron, en ese orden, Gabriel Torres, César, Eduardo Saavedra junto con Maneco Matos, Gustavo Colina y su esposa, Lola Delgado, y cerraron José Requejo y Sonia Sthormes. El Maestro Queipo, a mi lado, sacó hojas de medio pliego, sacó punta al creyón, le conté que la señora del bebé se había quedado a ver el espectáculo por amor a la poesía, entonces dijo: “a lo que vine”, su mano diestra esparramó trazos glosiosos, precisos, concisos, determinantes, en el blanco de la hoja primero se formó la bebé, luego su madre, el sol pálido a su espalda, la plaza, la vida, la ciudad amada. Me sentí tan afortunado de ver a uno de mis creadores más admirado sembrando su arte, pintando para la inmortalidad. Queipo, tan colmado de humildad, regaló su obra a la señora. ¡Valió la pena que se quedara!, le dije

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